Las nuevas generaciones tienen el poder de aprender y saber innovar. Pero donde se fragua y toman cuerpo esas facultades es primeramente en el seno familiar. Tiene una influencia decisiva ese ambiente de afecto, protección y representa todo un referente para el niño, ese cúmulo de sabiduría y experiencia.
Este corto de Pixar es encantador y me ha llevado a volver a saborear los momentos en la cocina de tres generaciones, un día cualquiera. Mi hija, mi madre y yo trasteando entre cacerolas, cucharones y alimentos variados para orquestar entre las tres un delicioso guiso. Enriquecedor no solo por sus nutritivas propiedades, sino también por las risas, pequeñas contrariedades, achuchones y antiguas historias llenas de consejos-recetas.
Coged fuerte vuestro pozalito de palomitas que vamos a dar un paseo por la Luna.
Un cielo esta experiencia familiar. Seguro que habrás vivido alguna escena que identifiques con esta pequeña historia.
Besos intergeneracionales.
Desde el torreón del castillo encantado otearemos el horizonte con los ojos de un niño. La tartana nos llevará a visitar castillo tras castillo.
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viernes, 12 de abril de 2013
viernes, 1 de marzo de 2013
MÁS QUE NIÑOS
Desde nuestra perspectiva actual de adultos miramos a la
infancia con añoranza y porque no decirlo con envidia sana, por supuesto. Quien fuera niño ahora, en esta parte del
mundo civilizado, claro está. Pertenecer
a esa infancia que goza de una gran consideración y atención y hasta llegaría a decir de sobreprotección,
porque no sería para menos al sentirnos engullidos por una sociedad
tremendamente compleja, hostil e invasiva en la que crecen nuestros niños. Nos
da miedo dejarlos solos, queremos preveer todas sus contingencias, tenerlos
siempre controlados y muchas veces infravaloramos sus capacidades y se llega
hasta tal punto que no despegan el vuelo, no abandonan el nido, hasta más allá
de los 30.
Por mi mente rondan algunas comparaciones a la hora de que aprendan
a valorar el riesgo, a experimentar la realidad. Difícil es cuando los
envolvemos entre algodones, cuando van al parque y juegan en ese rincón lleno
de columpios de diseño, acolchados con un suelo de goma especial que amortiguan
las caídas, frente a nuestros juegos de antaño entre cañaverales, tierra,
piedras, muros que escalar y árboles a los que subir.
Por cierto, ¿le hemos
preguntado a los niños cómo quieren que sean sus parques, cómo quieren y con qué
quieren jugar? Quizás nos sorprenderían pidiendo jardines, escaleras, plazas,
sitios para esconderse, lugares no especialmente diseñados para el mismo juego que al final aburren, que no les dejan inventar juegos que les
lleven a la sorpresa.
Sería estupendo que nos pidieran la ciudad entera para
ellos. Una ciudad diseñada pensando en ellos que como nos dice Tonucci
(pedagogo italiano), una ciudad para los niños es una ciudad para todos. Una ciudad llena de niños, visibles por sus
calles y no solo a la hora de salir o entrar al colegio. Niños que viven su
ciudad con gran autonomía, solos o vigilados de lejos por los adultos, que
comprenden y descubren las necesidades de su ciudad. Porque seguramente una ciudad con esa vida de
barrio, con esa supervisión vecinal será
más segura para nuestros niños y no exclamaremos al ver a niños de 7 u 8 años
solos que sus padres son unos irresponsables, sino que esos hijos asumen su
parte de responsabilidad y la ejercen y nosotros tomamos las medidas y velamos
porque así sea.
Señores alcaldes, escuchen a los niños, todavía no han
acabado de aprender a pensar como adultos, son originales, creativos, libres de
prejuicios, a mostrarnos a hacer de otra manera las cosas y pueden permitirse
decir lo que piensan sin ser obedientes, buenos y quizás piense poco
respetuosos.
¿Se atreven a asumir ese reto, a sentirse incómodo, a dale la
vuelta al calcetín y a ver la ciudad ni desde la derecha ni desde la izquierda
ni desde del consenso, sino desde la felicidad?
Es posible, y nos pueden sorprender. Os muestro una propuesta de unos niños hecha realidad.
Besos creativos.
martes, 11 de diciembre de 2012
JUGAR ES QUERER
Se acercan las fiestas y previsora una misma, andaba liada con los preparativos porque sabía que en pleno periodo de fiestas los precios se disparaban. Ojeaba con tranquilidad relativa un catálogo de juguetes de los muchos que habían en la mesa. Mis hijos ya me iban adelantando tarea, señalando en ellos sus juguetes preferidos , diciendo la machacona frase “me lo pido”. Les miraba de reojo y pensaba como plantearles reducir tamaña lista, porque tenían que encajar en mi reducido presupuesto y acomodarlos en el de sus abuelos y tíos.
Me sabía incapaz de impedir que mis hijos se contagiaran de la epidemia consumista , viven en un incontrolable entorno fagocitario, pero a lo que no estaba dispuesta es a alimentarlo.
Me dolía recordar como los juguetes del año pasado habían quedado arrinconados ya y mis hijos seguían jugando con los tres de siempre, cuando los deberes se lo permitían y que la gran caja de embalaje acabó siendo el que más juego dió ese día, convirtiéndose en una choza, un tren y el mejor de los escondites.
Efectivamente ese es el quiz de la cuestión, no es más importante el juguete, sino el juego. Acabé por replantearme la feroz campaña juguetera. Quise volver a recuperar el juego en familia.
A partir de dejar de ser bebés, se me estaba olvidando jugar, conforme ganaban en autonomía me alejaba del juego de mis hijos. Por qué renunciar a ese goce, al placer de jugar con ellos, a desconectar de la rutina y convivir en esa felicidad que nos devuelve al principio de nuestro tiempo. Me parece una estupenda inversión, ganar en confianza mutua, compartir emociones y tensiones, aprender a ganar, siendo generosos y a perder para tolerar las frustraciones, a establecer normas y aceptar las reglas. Sobre todo a desconectar de la realidad por un momento y jugar a “como si fueramos”, héroes y villanos, guerreros de las galaxias, campeones de formula 1....el juego libre sin pretensiones didácticas ninguna, de puro disfrute.
Así que me puse y todavía me pongo a escribir mi propia carta a los Reyes Magos, le pedí y sigo pidiendo que me concedan TIEMPO para dedicárselo a ellos, que me faculten para conseguir arrancar al día esos minutos para jugar con mis hijos, para quererlos y que ellos sientan que les quiero.
Estos días he vuelto a recordar, esos momentos de juego con mis sobrinos que ocupan ese tiempo que cada vez se dilata más, entre el que se acomoda la progresiva independencia de mis propios hijos. He saboreado esas dulces palabras que al final de la sesión de juego, mi sobrino me ha lanzado, " te quiero, tía, así" señalando con sus deditos un trocito, un espacio entre ellos, donde cabía el cariño que sentía. Me lo he comido a besos.
Estos días he vuelto a recordar, esos momentos de juego con mis sobrinos que ocupan ese tiempo que cada vez se dilata más, entre el que se acomoda la progresiva independencia de mis propios hijos. He saboreado esas dulces palabras que al final de la sesión de juego, mi sobrino me ha lanzado, " te quiero, tía, así" señalando con sus deditos un trocito, un espacio entre ellos, donde cabía el cariño que sentía. Me lo he comido a besos.
No os fijéis en las marcas. Desayunad, comed y cenad, su cariño, su juegos, sientan fenomenal.
Besos juguetones.
domingo, 16 de septiembre de 2012
TUS HIJOS
Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida
deseosa de si misma.
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo,
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos,
pues ellos tienen su propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas,
porque ellas viven en la casa del mañana
que no puedes visitar,
ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures
hacerlos semejantes a ti,
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.
Poema de Kahlil Gibran. Pintura de Katie M. Breggen
Hemos llegado y estamos atravesando esas aguas bravas de la adolescencia, ese nadar a contracorriente unas veces y otras a favor del reflujo, a que nos traguen los remolinos y a flotar sobre aguas en calma. Ese barco que no se define, a medio construir, que cree tener claro el rumbo a tomar, pero no domina el manejo de la brújula. Ese barco me quita el sueño, porque no quiero que se estrelle contra los acantilados. Pero qué hacer si yo no quiero, ni debo ser el capitán de su barco. Solo me atrevo a ser el viento que sopla a su favor, que le susurra rumbos desconocidos, a ser el puerto en que refugiarse cuando la tormenta arrecia.
Este viejo capitán que le cuenta miles de historias, aventuras y desventuras, que nunca serán las suyas, porque las de él serán otras historias.
Besos marineros.
lunes, 2 de julio de 2012
RUEDA QUE IRÁS MUY LEJOS
Ala que irás muy alto.
Torre del día, niño.
Alboreal del pájaro.
Niño: ala, rueda, torre.
Pie. Pluma. Espuma. Rayo.
Ser como nunca ser.
Nunca serás tanto.
Eres mañana. Ven
con todo de la mano.
Eres mi ser que vuelve
hacia su ser más claro.
El universo eres
que guía esperanzado.
Pasión del movimiento,
la tierra es tu caballo.
Cabálgala. Domínala.
Y brotará en su casco
su piel de vida y muerte,
de sombra y luz, piafando.
Asciende. Rueda. Vuela,
creador de alba y mayo.
Galopa. Ven. Y colma
el fondo de mis brazos.
Poema de Miguel Hernández del cancionero y romancero de ausencias.
Ese anhelo me permito hacerlo mío, lo adopto cada mañana al levantar los cuerpos y los ánimos.
Rodad hijos, rodad, hacia la meta que os marquéis por inalcanzable que os parezca ser. Para uno más que para el otro, pero me convierto en el arriero que estira y azuza a ese caballo, noble y potente, aunque él no se lo crea, y la tartana con sudor y lágrimas se mueve y la satisfacción nos vuelve a alimentar las ansias de tirar.
El Sol te extenúa, el esfuerzo te ha agotado, tu brújula no orienta tus riendas y decenas de voces te dicen que no has llegado a la altura de la tercera loma. Todo es cuestión de un poco más de tiempo y tu eres capaz de seguir al paso, dando cancha a tu resistencia, maleada a través de encajar golpes y envites. Recuerda, cuando llegues a lo alto de la loma, piafa, galopa y colma el fondo de mis brazos.
Besos de aliento. ¿Quién me los podrá dar a mí?, si parece que no los necesito.
Besos de aliento. ¿Quién me los podrá dar a mí?, si parece que no los necesito.
domingo, 17 de junio de 2012
UN RETO
Hoy, me convierto en un eslabón de una creativa cadena gracias a la invitación de una activísima bloguera, Débora del blog "A latidos". Nos conocemos hace poco tiempo, pero los lazos de amistad en la red nos ha "enredado" compartiendo muchos valores. Para seguir lanzando cintas de amistad el reto consiste en:
- Elegir una frase que me guste, me inspire y signifique algo para mi.
- Publicarla en el blog acompañada de una foto, una historia, una anécdota o simplemente esa frase sin más.
- Una vez escogida la frase tengo que pasar el reto a cinco personas de los cinco blogs elegidos.
Lanzo esas cintas para que os motiven a escoger la frase que queráis compartir con nosotros/as a:
- Kym del blog LA CASITA DE PAJA.
- Estrellas en la tierra del blog LA CONSTELACIÓN DE CASIOPEA.
- Instantes, momentos, raticos del blog INSTANTES, MOMENTOS, RATICOS.
- Carol del blog CON OJOS DE MADRE.
- Ernesto del blog LUGAR DE ENCUENTRO.
Desconozco si sois partidarios/as de seguir las cadenas y nos conocemos desde hace poquito tiempo, por ello no hay compromiso alguno.
Mi frase que encabeza esta historia es de Einstein.
La vida es como montar en bicicleta, si no quieres perder el equilibrio no puedes parar.
Esta frase encabeza mi perfil porque entiendo que una vez has venido a la vida ya no puedes parar de aprender.
Una historia os voy a
contar de una amazona aventurera que no sabía montar. Ese reto quiso
superar para cabalgar junto a sus hermanas y amigas de su clan.
Ese
afán le dominaba al contemplar las verdes y grisáceas praderas
que tristemente habían quedado reducidas y amuralladas por una
fagocitaria civilización, pero que todavía eran capaces de provocar
su irremediable instinto del dominio del espacio en toda su
extensión.
La hechicera de la tribu
le fue a preparar una sarta de sortilegios y encantamientos que
sabiamente aplicó con su báculo de ternura y paciencia infinita.
Las precisas palabras que
pronunciaba se introducían convertidas en espirales arremolinadas
que se iban encauzando por los laberintos de sus orejas y alcanzaban
certeramente su entendimiento. La amazona asentía, tenía el alma en
vilo, preparada para ejecutar los requeridos movimientos. Su pie
apretaba el apoyo de su montura y su mano acariciaba las guías de la
dirección sin el menor titubeo, dispuesta a comenzar su andadura.
Mientras, la hechicera
posaba su mano debajo de la pequeña nuca de su pupila, asiendo su
cuello, le infería la confianza suficiente para sentir el movimiento
de su cuerpo, buscando el equilibrio con su montura, descubriendo
cada acción y reacción contrapuestas. Este baile se repetía una y
otra vez, aprendiendo a resolver el juego sin ayuda, a predecir
movimientos y a responder sin sobresaltos. Cuando por fín, callaron
las palabras, solo oía el viento; desapareció la confiada mano,
sola se enfrentaba a su experiencia.
La profética caída
tenía que suceder irremediablemente, estaba escrita a perpetuidad en
este rito de iniciación y era la única parte que lograba alojar la
firme decisión de proseguir con la aventura. Si este evento fallaba
el sortilegio desaparecía, la clave se encontraba en caerse para
volver a levantarse.
La decidida voluntad hizo
desvelar el mágico momento final. La mirada en el horizonte, la
dirección fijada en perfecta combinación con el equilibrio, dos
seres compenetrados convirtiéndose en uno solo, la fuerza y el
esfuerzo traducidos en movimiento, la velocidad conquistando el
espacio, el placer de surcar el camino. La satisfacción de haber
recorrido el trayecto del aprendizaje que le ha dejado marcada una
huella imborrable.
Con este apoteósico
final, el rostro de la hechicera era pura poesía, su trabajo había
concluido por hoy.
Decidida a conseguir un
“verano azul” para la pandilla de la tribu, tienta la curiosidad,
preparando una nueva montura, esta vez destinada a un niño. Elegida
de color azul, cuadro con barra horizontal, ruedas todo-terreno,
atractiva como la miel a las mosca, capaz de despertar el sueño de
aprender a montarla.
De nuevo preparada a
orquestar el sortilegio del aprendizaje.
Besos equilibrados.
lunes, 4 de junio de 2012
MI TORRE
![]() |
| Imagen tomada de internet |
De pie frente a mi torre,
al pie de su base,erguida miro a sus almenas.
Siento vibrar bajo mis pies
marmolea y dura su pared,
Toque de arrebato vocea su campana.
Tiembla el suelo y su estructura.
Arranca sus pilares y se aleja.
Pierdo la mirada de su atalaya
y lo encuentro escondido en su muralla.
Cómplice tregua, muda se desliza.
Bandera blanca, pupilo de mi vida.
Sobre la piedra madre que le elevó,
se apoya en un abrazo conciliador.
Os puedo asegurar que con mi niña es otro cantar.
Besos de armisticio.
jueves, 5 de abril de 2012
EL DEDO DE DIOS
Seguíamos insistentemente las indicaciones hacia la Capilla Sixtina. Las preciosas esculturas romanas, los ricos tapices, los techos engrandecidos con figuras geométricas y delicadas pinturas, nos distraían el camino cuya meta era Miguel Ángel.
Por fín los cuatro entramos en ese recinto sagrado, la pequeña cogida de mi mano y el mayor al lado de su padre. Alzamos la vista y quedamos fascinados por tan impresionante belleza. Los vivos ojos de mi hija no sabían bien donde dirigirse, era inmenso, como su necesidad de conocer. Comencé a alimentar su apetito por la escena de la Creación de Adán, ese dedo extendido de Dios hacia el del primer hombre, entre los cuales se crea esa chispa imperceptible de la Génesis del sexto día y quise compartirlo también con mi hijo, cuando mi sobresalto fue mayúsculo al no encontrarlo.
Su padre fue a buscarlo por la sala abarrotada de gente y nosotras permanecimos quietas, intentándolo localizar por el móvil, pero no había cobertura en esa zona. No podíamos más que otear una y otra vez la marea de gente sin resultado. Mi hija estaba poniéndose casi histérica, porque quería volver a ver a su hermano ya, mientras un guardia sacaba a cajas destempladas a un turista por haber grabado, desoyendo las prohibiciones.
El show acababa de comenzar. Nuestros gritos de llamada se ahogaban entre el gran murmullo de la gente.
- Dios mío, tengo su cartera en mi bolso. Va indocumentado. ¡Sibilas y Profetas, dadme una señal!
Negra se me hizo la sala, únicamente estaba iluminado mi marido, subido en la tarima del altar, extendiendo su brazo y dirigiendo su dedo hacia un lugar preciso de la sala, donde surgía una mano con un catalejo que saludaba a su padre con una cara de felicidad increíble.
Nuestro Adán se había acercado como nadie a los frescos, extasiado en un mundo artístico, sin percatarse de absolutamente nada de su alrededor. Nosotras, Evas en el paraíso, aliviadas, nos miramos en silencio, sin confesarnos que escena nos había impactado más, si la humana o la divina.
Un gran abrazo.
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